Otro verano y regreso a la rutina de despedirme de mi casa, mi santo, mis amigos y mi familia y salir de España hacia los Estados Unidos. El irme allí implica ver otra vez a otros amigos y familia y colegas. Siempre es un momento un poco agridulce lleno de despedidas y bienvenidas.
En Florida está haciendo mucho calor, incluso para mi que soy muy friolenta y me gusta el calor. Pero el primer fin de semana en los EEUU me fui a Washington a visitar algunos amigos que hacía años no veía. Disfruté mucho de este viaje, me dio hasta nostalgia de Washington, había olvidado lo precioso que es y lo bien que huele. Los puertos de montaña que atravesé, Snoqualmie y Blewett, cada uno tiene su olor particular, por el tipo de pinos y árboles que crecen allí y no me acordaba lo que me gustaba ese olor.
Pero quizá lo más interesante que me pasó durante estas vacaciones fue otro encuentro inesperado con la fauna local de Florida. No, esta vez no fue con cocodrilos, esta vez vi muy de cerca unos delfines. Fue el domingo, día del padre en los EEUU, y mis padres y yo nos fuimos a la playa. Me apetecía mucho ir al mar y disfrutar un poco del agua y el sol, pero no me esperaba una sorpresa tan bonita. Estábamos los tres dentro del agua, la marea estaba bastante baja así que no llegaba mucho más arriba de la cintura cuando oímos que unas personas cerca de nosotros dijeron algo sobre delfines. Miramos en la dirección que señalaban y vimos también los lomos de tres delfines que salían y se sumergían entre las olas suavemente.Siguieron de largo hacia el interior del canal (entre dos islas, muy cerca del faro Ponce) pero resultó que un poco detrás venían más delfines aún. Tan cerca , quizá unos 10 metros, que les oímos respirar y vimos el vapor que salía de sus espiráculos. Vale, admito que es una palabra grande y que no la conocía hasta que la acabo de buscar en el diccionario ahora mismo.
Ya de nuevo en Vermont me he encontrado con un clima bastante fresco y lluvioso y algunos cambios por el campus. De momento los que más me gustan son dos. En primer lugar las mejoras en el aspecto y la comida que ha habido en el comedor Proctor. Y en segundo que en varias zonas del campus han dejado de cortar el cesped. Esto es por dos razones, una ahorrar recursos y mano de obra y otra ser un campus más "verde". Me encanta cuando paso por allí todas las mañanas y veo la irregularidad en la altura de las diferentes plantas y siento el olor suave y dulce de las flores silvestres.
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