Por segunda vez en mi vida he pasado el 31 de diciembre en Alemania. La primera vez estuve en Hamburgo con mi amiga Birte y fuimos a una fiesta estupenda, mucha gente, mucha bebida, mucho bailoteo. Recuerdo los fuegos artificiales a medianoche pero pensé que era algo que organizaba la ciudad oficialmente, algo así como se hace en las fiestas de los pueblos aquí en España o el 4 de julio en los EEUU. Este Año Viejo he estado en Alemania otra vez, esta vez en Viernheim, un pueblo cerca de Heidelberg y en una celebración mucho más familiar, y he sido mucho más consciente de la costumbre alemana de comprar y tirar cohetes y fuegos artificiales en plan privado y personal. La verdad que aluciné. Aquí va una foto de mi santo y su hijo montando uno de los chismes, al enano no se le dejaba encenderlos por seguridad, pero era el encargado de montar el chiringuito y prepararlo todo. Nos lo pasamos todos pipa, pero yo creo que él más que nadie.
Para que vean que no exagero añado un par de fotos más que hice y en las que se ve un poco de lo que se veía desde allí mismo, en la esquina de la casa y lo que estaba pasando en el barrio, las ventanas que se ven son de la casa de mis suegros, pero para donde quiera que miraras había luces y ruido y el olor a pólvora. Diría que esto duró como unos 40 minutos en plan heavy, y un par de horas más ya con menos frecuencia y magnitud. 
A la mañana siguiente los restos por todos lados, incluyendo parte del asfalto medio chamuscado, o al menos un poco más oscurito.
Ah, y otra cosa que disfruté mucho, la comida y la bebida, como siempre que viajo a otro país. En particular buenos recuerdos de una taza humeante de Glühwein en la plaza del pueblo, con el mercadillo navideño, a -4 grados, al pie del castillo de Heidelberg. ¡Salud y Feliz Año 2009!

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