La fiesta del día de acción de gracias es una festividad única estadounidense, aunque muchos países celebran el final de la cocecha de alguna manera, pero es curioso que mi familia la adoptó muy pronto después de empezar a vivir en los EEUU. Claro que añadíamos nuestro toque cubano/caribeño y a lo mejor en vez de puré de patatas había moros y cristianos para acompañar al pavo.
Pero la verdad es que desde la primera vez que salí de los EEUU por un período de tiempo largo, a pasar el año escolar 1987-88 en Austria, lo que más eché de menos de mi país adoptado fue la fiesta de Thanksgiving. No sé si tiene que ver con toda la temporada otoñal, que es tan diferente de mi país de origen, las hojas que cambian de color, los chicos jugando fútbol americano en los campos deportivos de las escuelas y universidades, el olor del humo de las chimeneas de las casas, la bajada en picada de las temperaturas y esos días otoñales preciosos en Wenatchee en que el sol brillaba con más transparencia que nunca y el cielo se veía más azul y hacía que las hojas amarillas del árbol en el patio de la casa de mis padres parecieran de oro. O quizá simplemente es porque es una fiesta que adoptamos en esa patria nueva y nos fue extraordinariamente importante porque también estábamos tan agradecidos de poder estar allí, un país de oportunidades que nos dio muchas más de las que tuvimos en el nuestro propio.
Desde que vivo en España siempre he buscado la manera de celebrar este día de alguna manera u otra. Como mínimo en casa con mi compañera de piso que era estadounidense (shoutout Sallye!), y comimos algo de pavo que no era muy bueno pero ninguna de las dos era capaz de cocinarlo en casa, además éramos dos, no se puede cocinar un pavo entero para dos personas, así que fueron unos trozos de pavo comprados en el supermercado ya hecho, y si mal no recuerdo después nos fuimos a un bar en que había otros estadounidenses pero simplemente bebiendo y bailando. No fue gran cosa pero todavía lo recuerdo con cariño porque nos teníamos la una a la otra y las dos entendíamos nuestra nostalgia. También he celebrado con un grupo de amigos extranjeros, la mayoría estadounidenses pero con varios españoles, algún alemán, canadiense, irlandés, judío y cualquier otra nacionalidad que estuviera presente y formara parte de nuestra peña. Una pequeña familia de extranjeros en Madrid, con muchos buenos cocineros, pero que no simpre es posible reunirlos a todos para celebrar ese día.
Pero el caso es que siempre he sentido añoranza por los EEUU alrededor del día de acción de gracias, el último jueves de noviembre, excepto este año. No sé si es que estoy tan agradecida por las cosas que hay en mi vida ahora mismo que no siento la necesidad de tener un día especial para eso. O a lo mejor es que llevo tanto tiempo y tantos años lejos que ya no me afecta como antes. Ojo, que no me importaría tener el día libre mañana y pasarlo mirando fútbol americano y cebándome a comer pavo, pero estaré contenta de estar en mi casa con mi churri como otro jueves cualquiera, cenando frente a la tele, charlando y disfrutando de su compañía. Por eso doy gracias hoy y todos los días.

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