El círculo del Coro de la Escuela Española
Este verano me apunté al Coro de la escuela española. No soy gran cantante pero soy una contralto más o menos estable, puedo leer música y lo más importante, me gusta, me tomo en serio lo de participar, colaboro, me enrollo y soy responsable en lo que respecta asistir a los ensayos y atender a las obligaciones que implique. Mucha gente se sorprendió de verme allí cantando en el concierto anoche porque me conocen desde hace años y nunca me han visto cantar y como me han preguntado pues aquí lo explico y lo cuento.
De niña y adolescente siempre canté en coros y grupos en la iglesia, también aprendí algo de piano y clarinete, el cual tocaba en la banda de Junior High y High School también. En la universidad ya me involucré con las lenguas y la historia, me fui a Europa por un año, colaboré con varios clubes y organizaciones, en fin, que no tuve mucho tiempo para estar activa en la música.
Pero cuando vine a Middlebury a comenzar el Master en la Escuela Española en el verano del 1992 me apunté a cantar con el coro. El director era Rafael Castillo y rápidamente nos puso a trabajar en dos canciones: Gaudeamus Igitur y Todos los bienes del mundo, ya que íbamos a cantar en la ceremonia que ocurriría a mitad del verano para otorgar el doctorado Honoris Causa a Octavio Paz. Del concierto final, que fue en la Capilla Mead (el CFA no existía entonces), no me acuerdo muy bien, pero cantar para Octavio Paz y escucharle recitar su propia poesía, estando sentada en primera fila por estar en el coro, son recuerdos que nunca olvidaré.
En los años siguientes nunca tuve tiempo para volver a cantar con el coro. O tenía horas de oficina que coincidían con las horas de los ensayos, o estaba involucrada en otras actividades, como el Club de Senderismo, que ocupaban mi tiempo libre. Pero este verano, debido a varias circunstancias decidí volver a cantar con el coro y ha sido una experiencia muy gratificante. Debo admitir que después de la primera semana tuve miedo. Me parecía que sonábamos fatal, que no había nada de equilibrio entre las cantidades de personas que cantaban cada voz, que no harmonizábamos bien y creí que el coro del 2009 iba a ser un desastre. Pero gracias al trabajo de un director extraordinario y dinámico, Paco Álvarez, y al esfuerzo de todos nosotros, creo que tuvimos un concierto muy bonito. Desde la entrada sorpresa, cantando un Padrenuestro en Quechua, en procesión, al ritmo de un bombo, hasta el Son de la loma final, que tanto gustó, que el público nos obligó a cantarlo otra vez.
Al terminar el concierto Paco nos pidió que siguiéramos ensayando esta semana. Nos han pedido que cantemos en el banquete final del miércoles y es una pieza nueva. Vamos a cantar Gaudeamus Igitur.

!--Session>!--Session>!--Session>
